lunes, 5 de diciembre de 2016

Recetas de Navidad. Antes de empezar, les propongo un repaso para refrescar la memoria

Antes que nada quiero agradecerles inmensamente los mensajes de cariño, comprensión, afecto y consuelo que me han hecho llegar a través de las distintas vías de comunicación. Me han tocado el corazón - y el de mi familia toda - con sus vivencias y sus mensajes llenos de afecto y calidez. Les voy a contar una situación muy personal que he notado en mí misma y que les ruego no malinterpreten porque está bien claro para mí la diferencia entre la pérdida de un familiar directo y la de una mascota... Cuando falleció mi padre hace dos años ya, camino a los tres, por mi condición de hija única, me cargué en las espaldas la pena de mi madre, el desconsuelo de mi hijo y el dolor de mi marido, así como el de mis familiares más cercanos y sus amigos más íntimos. Fue una muerte que, por tan sorpresiva, nos dejó a todos descolocados; sin embargo, no fue la primera vez que me pasó esto porque lo mismo había ocurrido unos años antes con la muerte de mi abuela, cuando me puse al hombro la tristeza y el dolor de mi padre para ayudarlo y acompañarlo. Siempre he estado postergando mi dolor (que lo manifesté tiempo después o a escondidas y de a ratitos para no poner mal a los demás) para acompañar a quienes me necesitaban en un momento de sufrimiento y desconsuelo. Desde entonces y hasta hoy en día, continúo tratando de ser fuerte para mi madre, intentando servirle de sostén y consuelo. Sin embargo, en esta oportunidad, con la muerte de Felipe que también fue algo inesperado y que nos descolocó por completo (El otro día le decía a una amiga que fue como si un tornado hubiera pasado por nuestras vidas, dejando a su paso la desolación y el desconcierto que un acto de esa naturaleza produce), me permití no ponerme nada al hombro. Lloré y lloro todo lo que me nace y necesito, converso del tema hasta exorcizar la tristeza y lucho para ir acostumbrándome a su ausencia. Es por todo esto - y porque la cocina muchas veces nos ayuda a contrarrestar la pena y el sufrimiento - que me he propuesto llevar, lo mejor posible, el blog como lo he venido haciendo en esta época del año hace ya algunas temporadas. Al menos, quiero intentar cumplir con las 2 recetas semanales que ya se han vuelto una tradición navideña en mi cocina. A propósito, les pido que me den unos días más para terminar de pasar a visitar sus blogs y ponerme al tanto de las delicias que están preparando porque en estas semanas me he perdido de muchas-muchas cosas. 

Pues, en el medio de todo esto, el año se nos viene escapando nuevamente. Se dice que nos ponemos viejos cuando sentimos que los años se vuelan con la velocidad de un súper jet. Pues, entonces, ya estoy lista porque cada año se me está pasando, cada vez, con más prisa. En un abrir y cerrar de ojos diciembre se instaló y ya no hay marcha  atrás. Decir esto y comenzar a planificar las comidas/comilonas de las fiestas es todo uno. Por eso, aquí les dejo algunas opciones de recetas que he publicado desde que comencé el blog para festejar Navidad y Año Nuevo. Se trata de recetas típicas de las fiestas, como para ir calentando motores para recibir las nuevas incorporaciones de este año. Espero que les resulten útiles o, al menos, inspiradoras ;)

Empezamos con sabrosas y, en su mayoría, sencillas recetas de Galletas para regalar, llevar para convidar en la oficina, la clase de cerámica, el taller de abdominales (al fin y al cabo, las quemaremos la próxima clase), presentar en la mesa dulce y compartir con quienes amamos.


Nevaditos con vino blanco y ralladura de naranja.
Galletas de jengibre con canela, ralladura de limón y miel.
Botones de jengibre con canela, miel y clavo de olor.
Rollos de nuez con canela, nueces, vino dulce y queso crema.


Aquí les dejo dos Postres típicos de estas fiestas. Sabrosos, originales (en particular, uno de ellos), sencillos y bien vistosos para lucirse sin muchas complicaciones a la hora de ponerle cierre de lujo a la comida.


Manzanas asadas con amaretti, canela, ralladura de limón y miel.
Risalamande con arroz, crema de leche/nata, almendras, frutillas y confitura de frutillas.


Si lo pensamos dos veces, una mesa navideña sin Turrones es una mesa sin corazón. Decir fiestas y no pensar en turrones es casi imposible (por lo menos en nuestra cultura gastronómica); por eso, aquí les dejo algunas propuestas muy simples en donde no hay que preocuparse por templar chocolate, no se requiere de gran pericia o destreza, ni de moldes especiales; sólo de ganas de cocinar y pasarla muy bien por un rato


Turrón-torta de coco y cerezas con leche condensada y chocolate semi amargo.
Mendiants con nueces, almendras, castañas de caju/anacardos, semillas de calabaza, pasas, cerezas, chocolate semi amargo, quinua/quinoa y amaranto inflados.
Turrón de avena con cacao amargo y galletas dulces.
Turrón especiado de granola/muesli y chocolate con canela, jengibre, ralladura de naranja, miel y chocolate amargo.
Turrón blando de chocolate, nueces y cerezas con leche condensada y chocolate amargo.


Otro clásico de las fiestas son los Budines/Queques/Bizcochos y Panes, así como los Frutos secos en todas sus variantes (especiados, caramelizados, en garrapiñada, bañados en chocolate...). Por eso, aquí les presento una selección variopinta para tener en cuenta a la hora de pensar en la mesa dulce, para llevar cuando nos invitan, darse un gusto y compartir.


Cuadrados de sidra con manzanas, nueces, ralladura y jugo de limón.
Pan de especias con nueces, almendras, cerezas y frutillas, cacao amargo, canela, cardamomo, jengibre, nuez moscada y miel.
Honigkuchen con canela, jengibre, clavo de olor, nuez moscada, miel y nueces.
Pan de Pascua con café, ron, nueces, pasas y almendras.
Budín en lata con harina integral, jugo de naranja, cóctel de frutas y nueces.
Praliné de nueces y almendras con canela y semillas de sésamo/ajonjolí.
Pan de especias - Pain d' Épices con harina de centeno, miel, yogur, canela, anís, jengibre, cardamomo, clavo de olor y nuez moscada


Por último, el corazón de la mesa dulce de las fiestas está formado, sin lugar a dudas, por los Panes dulces y las Tortas de frutas. Exquisitos, bien perfumados, suculentos y macerados por varios días (incluso, semanas o meses) son una delicia indiscutida. Aquí, pueden encontrar para todos los gustos: Los hay veganos, tradicionales y hasta libres de gluten.


Christmas Cake con nueces, castañas de cajú/anacardos, pasas, cerezas, frutillas, almendras, nuez moscada, canela, clavo de olor, jengibre, miel y whisky.
Fruit Cake sin gluten con almidón de maíz, peras, almendras molidas, pasas, brandy, cerezas, nueces, canela, jengibre, nuez moscada, clavo de olor y cardamomo.
Espiral con frutas con almendras, nueces, cerezas, arándanos y chocolate semi amargo.
Panettone al Marsala con canela, jengibre, agua de azahar, chips de chocolate, cerezas en almíbar y chocolate amargo.
Pan dulce vegano sin gluten con almidón de maíz y fécula de mandioca/yuca, almendras, banana/plátano, puré de manzanas, aceite de coco, jugo de naranjas, pasas, frutillas, nueces y cerezas.

Espero que mis recetas les gusten y los tienten o los inspiren para hacer sus propias versiones. Nos reencontramos el jueves para empezar a desandar el camino hacia fin de año.

¡Hasta entonces! Pásenla muy bien, disfruten junto a sus seres queridos y experimenten en la cocina :)


Textos y fotografías: ©Bouquet Garni Recetas
Digiscrap: ©Far Far Hill/2am Designs/Bouquet Garni Recetas

jueves, 1 de diciembre de 2016

La causa de mi ausencia

Les garantizo que me encantaría poder decirles que estos días en los que, prácticamente, no he asomado las narices por aquí o por las redes sociales es porque me la he pasado de maravillas, liberando endorfinas a todo vapor, en una playa de la Polinesia, de ésas que te quitan el aire de tan bellas. Comparándolo con el presente, ¡qué bueno hubiera sido! Pero no... De buenas a primeras, Felipe - nuestro amado perro - comenzó a sentirse mal y con tos, de ésa que llamamos comúnmente "tos de perro" por su sonido cargado. Amamos a Felipe, y digo "amamos" porque así es. No me interesa utilizar el verbo amar con cautela, reservándolo para ocasiones especiales porque cuando quiero a alguien (o algo, como a mi profesión o mis diversas actividades) con amor genuino de buena cepa, no lo quiero, lo amo con todas las letras. Será que mi segunda lengua es el inglés que siempre me maravilló por su justeza y equidad en los términos (lo cual no quiere decir que la lengua española no sea de las más bellas, ricas y musicales del planeta; por  favor, que quede claro). Y amar no es lo mismo que querer, ni en inglés ni en español; por eso, amamos a nuestro perro. 

Pero, mejor vuelvo al tema porque, sin darme cuenta, me he ido por las ramas... Les decía que Felipe tuvo que visitar de emergencia a su veterinario y todo terminó (o comenzó, debería decir) en inflamación bronquial y un soplo en la válvula mitral que no revestían más complicaciones que un medicamento de por vida para el corazón y un tratamiento para el broncoespasmo. Pero, la cosa no terminó allí. No, no. ¡Qué va! Al otro día, empeoraron los dolores, apareció el llanto que nos partía al medio de impotencia y la cosa derivó en operación de urgencia de la cadera. Dos días de internación. Dos días de llorar como niños porque sentíamos que nos necesitaba y no estábamos para él, aunque lo visitábamos un par de veces al día (insensibles, abstenerse de dejar comentarios y de continuar leyendo, por favor). Más de una semana de darnos vuelta la vida porque el perro no podía caminar mucho y menos subir escaleras, cuando vivimos en una casa de 3 pisos, cuya planta baja no fue diseñada para la residencia (y, tema aparte, nuestro perro  - por gusto propio - se la pasaba para arriba y para abajo todo el día). No importa; hay mucha gente que la pasa peor que acomodarse en un rincón del garaje. Esto es temporal y se supera. Mudamos lo imprescindible para estar más o menos a gusto (y para que él lo estuviera), nos turnamos para cuidarlo y todo encaja, tiene sentido y cierra si Felipe mejora. Sin embargo, como en el juego de la oca o cualquier otro juego de mesa en el que uno avanza o retrocede según en qué número cae el dado, adelantábamos un casillero y volvíamos atrás tres o cuatroy hasta cinco!)...



A esta altura de la situación, ya era bastante jaleo como para pedir más; sin embargo, el perro no comía, no bebía y casi no se movía. Entonces, sumémosle 5 días de peregrinaje a la veterinaria para que le inyectaran suero, antibiótico, analgésico y cuanta cosa se les ocurra en sesiones de 4 horas (mínimo). Se solucionaba esto y aparecía algo nuevo o, peor, se sumaba otra dolencia sin haber resuelto una anterior. Entonces, Felipe tenía ceguera parcial; podía ser temporal por el estrés de la operación y por pasársela más en una camilla de veterinaria que en su casa o podía ser permanente con todo lo que conlleva. 

Más suero, más antibióticos, el perro que casi no come (aunque le demos de a trocitos en la boca), síntomas de dolor que no calma ningún analgésico, estudios de sangre, electrocardiograma, placas radiográficas, ecografías...



Seis días más de nuevo tratamiento y visita a la veterinaria (ésa que había que dejar de frecuentar para que se le redujera el estrés y con ello, tal vez, la ceguera), echado y quejándose de molestias, como perdido, como ausente, pidiendo cariño y socorro permanente. Más impotencia y más llanto. Más visitas al médico, más radiografías y ecografías. Esperanzas que duraban algunas horas, pequeñas mejorías que nos hacían sentir que se podía, que lo lograría. Sin embargo, el perro presenta infección interna en la herida de la operación que, por fuera, avanzaba hacia el éxito. Además, inflamación en el páncreas, que no es pancreatitis (o sí); pero, que si lo fuera, podría llevarlo a la muerte. Obstrucción intestinal. Es eso: obstrucción intestinal. Nueva internación por 24 horas para aliviar los dolores, para ayudar a mitigar su sufrimiento, para combatir el nuevo cuadro. Y, finalmente, después de días de luchar y luchar, el corazón de Felipe dijo basta, internado en la veterinaria. Doble paro cardíaco que se lo llevó de un plumazo. Ni siquiera pudo morir en casa... Más llanto, más tristeza, más desazón, más impotencia.



Sé que quien no tiene una mascota querida, que forme parte de su familia, no va a saber entenderme. Y lo comprendo porque todos, alguna vez, hemos sido no-dueños de animales. Sin embargo, los felices dueños de mascotas sabrán entenderme, sentir empatía o poder ponerse en mis zapatos en este momento porque ya lo han vivido o porque pueden imaginarse en esta situación y se les estruja el corazón mientras se les llenan de rabia las entrañas.

Felipe llegó a nuestras vidas una hermosa tarde de otoño de hace 5 años. Estábamos disfrutando en una plaza y se sentó a mi lado, mirándome por sobre el hombro (una costumbre que mantuvo hasta sus últimos días), como diciéndome "Aquí estoy". Allí se quedó un buen rato; después se echó junto a una familia y creímos que se trataba de su perro. En esa plaza - aunque la ordenanza municipal prohíbe que los dueños paseen a sus mascotas sin correa - es muy habitual que la gente que considera a su perro como inofensivo lo deje corretear libremente. Creímos que Felipe no estaba solo sino que pertenecía a alguna de las tantas personas que andaba por allí esa tarde. Al rato, volvió a sentarse a mi lado y no se movió más. Cuando la plaza se fue despoblando y el grupo familiar que creíamos era su dueño despareció sin llevárselo, comprendimos que Felipe era un perro callejero sin prosapia y sin dueño. Hacía 6 meses había muerto de manera trágica nuestro perro, un Golden Retriever, y nos habíamos prometido no volver a tener mascotas porque la pasamos muy mal durante los 3 días de incertidumbre y agonía de Hank (así se llamaba); sin embargo, una amiga nos insistió para que lo recogiéramos porque estaba solito, era muy tierno y no se despegaba de nuestro lado (la misma amiga que lo bautizó Felipe). Lo trajimos a casa, pero con la condición de regresarlo al día siguiente a la plaza para ver si sus dueños, tal vez preocupados o desesperados por su ausencia, iban a buscarlo. Allí nos pasamos todo el día y nadie reclamó a Felipe. Desde entonces, se unió a la familia. Veterinario para que le efectuara un chequeo general y decidiera si necesitaba algún tratamiento. Las vacunas de rigor y una revisión porque tenía una marca en el cuello, donde no le crecía el pelo, - aunque quedaba disimulada con los rulos del pelaje - de un collar o cadena (tal vez una cuerda) que lo había lastimado, dejándole esa cicatriz permanente. La cadera mostraba signos de haber recibido un golpe (quizás, sobrevivió a un accidente automovilístico o de una moto; tal vez, una patada de algún malnacido); pero, se la veía razonablemente bien porque el perro no cojeaba y saltaba en dos patas sin problemas.




Durante 5 años, Felipe nos llenó de luz, de alegría, de amor desinteresado, de ternura. A veces, me preguntaba si sería feliz y deseaba que fuera la mitad de lo dichosos que nos hacía sentir. Entonces, él se acercaba al trotecito y sin que lo llamáramos, moviendo la cola con su rostro jovial y su mirada tierna. Hoy una amiga me decía: "Ahí tenés la respuesta. Era muy feliz". Felipe tenía la mirada más tierna del mundo y si, en efecto, la mirada es el reflejo del alma, nuestro perro tenía el alma más pura y bella del universo. Buscaba cariño todo el tiempo, era amoroso, atento y muy perceptivo. Si yo no estaba bien de ánimos, ahí estaba él para que le hiciera mimos, porque Felipe no daba "besos" como el común de sus congéneres; sin embargo, se aseguraba de hacernos sentir queridos con otros gestos. Compañero de juegos y de momentos de calma, se sentaba a custodiar el brócoli y la coliflor mientras se cocían, esperando recibir premio. Cuando trabajaba en la cocina, en la preparación de algún plato, él sabía que tenía vetada la entrada; entonces, me esperaba con actitud de ratoncito agazapado, mirándome a través del flequillo, a que lo autorizara una vez terminada mi tarea. Era muy inteligente, tanto que hacía caso cuando le parecía, pese a que entendía perfectamente lo que se le pedía, poniendo cara de "No voy a ir aunque me llames mil veces". Además, tenía la capacidad de jugar a las peleas con mi marido y, al mismo tiempo, dejarse acariciar y mostrarse tierno conmigo, retomando su rol de "cazador" en cuanto dejaba de hacerle mimos (mi esposo llamaba a ese juego la contienda de Clouseau y Cato, en alusión a los personajes de las películas de La Pantera Rosa, con Peter Sellers como protagonista, quienes se sorprendían y atacaban cada vez que se presentaba la oportunidad; sólo que en casa nadie terminaba lastimado). Así podría seguir un rato largo describiendo sus virtudes y escasos defectos: nunca rompió nada ni cobró venganza si tenía que quedarse solo por algunas horas, por ejemplo. Dicen que los perros rescatados son más cariñosos y agradecidos que otros perros. No sé si eso realmente es así, pero sé que mi perro lo era. De hecho, si Felipe hubiera sido humano, diríamos que era un gran tipo. Eso es seguro...

Ante todo lo que ha pasado, me siento tentada a reclamar porque sólo pudimos disfrutarlo 5 años; sin embargo, elijo agradecer que haya pasado por nuestras vidas durante ese tiempo para hacernos mejores personas (y dueños de mascotas), llenarnos de su luz y colmarnos de amor verdadero, de ése que no especula, no espera nada a cambio, que es generoso y desinteresado. No me malinterpreten; no coloco a Felipe a la altura de una persona y el dolor que nos puede generar su pérdida prematura o repentina. Simplemente, les cuento que perdimos un miembro de nuestra familia de manera repentiva (y, hasta me atrevo a decir prematura) y que estamos intentando hacernos a la idea, luchando con el vacío que nos ha dejado y retomando la vida diaria como podemos.

Esta ha sido la causa de mi ausencia durante estos días. Por esta causa, no he publicado recetas, no he respondido comentarios o consultas ni he visitado otros blogs. Además, en medio de una situación tan estresante y dolorosa como la que me ha tocado vivir tuve que soportar un diagnóstico de posible cáncer de mama que terminó en NO, pero que me hizo pasar por las mil y unas antes de ello

No les quito más tiempo y les agradezco por acompañarme hasta aquí, permitiéndome hacer de mi tristeza una carga un poco menos pesada.

La semana próxima comenzaremos con las recetas navideñas, con dos publicaciones semanales como se ha hecho costumbre durante esta época del año. Nos reencontramos el lunes. Hasta entonces, les deseo lo mejor. Disfruten junto a sus seres queridos y experimenten en la cocina.

Textos y fotografías: ©Bouquet Garni Recetas


jueves, 10 de noviembre de 2016

Moldeado de papas y vegetales

La propuesta que les traigo hoy es resultona, práctica y de aprovechamiento, para poder utilizar aquellos ingredientes que nos han quedado en pocas cantidades y ya no pueden ser las estrellas principales de algunos de nuestros platos. Sin embargo, aun así, es una señora receta que bien vale para cambiarle la cara al puré de papas/patatas de todos los días. Aquí les presento un Moldeado de papas/patatas y vegetales que les resultará súper versátil porque sirve tanto como entrada/entrante, acompañamiento/guarnición de alguna otra preparación o como plato principal junto a una sabrosa ensalada, y todo mundo feliz ;)





Verán, en casa, cuando preparo puré de papas/patatas me gusta enriquecerlo con otros sabores y esta propuesta nace de esa intención, lográndose un moldeado que bien vale para una linda fuente que podemos llevar directamente del horno a la mesa  o para pequeños moldes de flan, budín o soufflé que nos permiten porciones individuales. De este modo, al mismo tiempo que sumamos texturas y sabores a nuestro puré, lo hacemos sin incorporar las clásicas manteca/mantequilla, leche o crema de leche/nata, obteniéndose, así, un plato muy sabroso y delicado a la vez que bastante liviano.




Para realizar un puré de papas/patatas sabroso y sostenido, cocemos 4 papas medianas al vapor; incluso, podemos cocinarlas con piel y pelarlas antes de preparar el puré. De este modo, quedarán más sabrosas todavía (en especial, si se trata de hortaliza orgánica). Una vez cocidas, preparamos el puré, sin condimentarlo, y lo reservamos.

Aparte, también cocinamos al vapor 1 atado de espárragos, los cortamos en trocitos y los reservamos. Entretanto, salteamos 1 cebolla grande  junto con 1/4 de pimiento rojo y 250 gramos de hongos (yo utilicé Champiñones de París), cortados en brunoise, y 2 tazas de maíz crudo desgranado. Sazonamos con sal, pimienta, 1 cucharadita de orégano, nuez moscada1 cucharadita de estragón y 1 cucharada de puerros y espinacas deshidratados. Una vez que los vegetales pierden su firmeza, los reservamos hasta que se entibien.




Luego de que la verdura se encuentre a temperatura ambiente o templada, sazonamos el puré de papas/patatas con sal, pimienta y nuez moscada, y le añadimos los espárragos cocidos junto con los vegetales salteados. Mezclamos todo bien para integrar e incorporamos 1 taza de queso rallado (yo utilicé un queso Sbrinz artesanal estacionado) y 2 huevos batidos ligeramente para romper el ligue (el punto ideal es cuando forman un hilo sostenido desde el recipiente donde se encuentran hasta el utensilio con el que los batimos).




Una vez más, mezclamos para homogeneizar la preparación y la volcamos en el molde que elegimos para cocinar. Éste deberá estar previamente humedecido con rocío vegetal (o pincelado con manteca/mantequilla o aceite). Cocinamos en horno fuerte hasta que se dore la cubierta y la mezcla quede algo firme y sostenida, pero bien cremosa. Servimos acompañado de una sabrosa ensalada de tomates cherry, brotes de rabanitos y hojas de berro, rúcula o remolacha.




Algunas observaciones y recomendaciones finales: Como ya les indiqué, con estas cantidades se puede preparar un moldeado grande, en fuente que permita llevarse directamente del horno a la mesa, o pueden utilizarse moldes más pequeños para porciones individuales. 

A esta receta pueden incorporarle los vegetales que más les gusten, obteniendo siempre sabrosas y nutritivas variantes: zanahorias en brunoise, ralladas o en rueditas, arvejas/guisantes, berenjenas o zucchinis/calabacines en cubitos, espinaca, kale/col crespa/berza, repollo/col blanco o morado/lombarda en juliana, acelga, pak choy/acelga oriental, tomates secos hidratados, aceitunas/olivas verdes o negras, alcaparras, puerros en rueditas...

En lugar de hacerse con puré de papas/patatas (en todas sus variedades, con sus matices de sabor propios), este moldeado puede prepararse con puré de batatas/boniatos/camotes/papas dulces, de mandioca/yuca o con puré de calabaza. Eso sí, en cada caso deberán seleccionar los vegetales que mejor les sienten a cada uno de estos sabores distintivos.




Los hongos de la receta pueden ser de la variedad que consigan con mayor facilidad en el mercado, aquellos que se encuentren en mejores condiciones o mejor precio, según el lugar donde viven. Incluso, pueden incorporar hongos secos, hidratados en té Earl Grey (o el de su preferencia) o en agua caliente. Entretanto, el queso rallado puede ser el de su predilección o pueden utilizar queso fresco, mozzarella o de cabra/feta en cubitos o rallado para que se gratine con mayor facilidad.

Asimismo, para condimentar la receta pueden emplear curry, pimentón dulce o ahumado, páprika, Garam Masala, mostaza en grano molida, mostaza de Dijon o la mezcla de especias de su preferencia.




Como les anticipé, se trata de una preparación súper simple y resultona que le cambia drástica y definitivamente la cara al tradicional puré de papas/patatas, enriqueciéndolo y haciéndolo mucho más sabroso y nutritivo sin complicarnos mucho ;)

Espero que mi propuesta les resulte lo suficientemente atractiva como para probar su propia versión, aprovechando las hortalizas e ingredientes que tienen a mano en casa :)

Nos reencontramos la semana próxima. Hasta entonces, les deseo que estén muy bien, disfruten junto a sus seres queridos y experimenten en la cocina.

Textos y fotografías: ©Bouquet Garni Recetas
Digiscrap: ©CheyOkota Digital Scraps/Designs by Connnie Prince/Lara's Digiworld/Bouquet Garni Recetas


viernes, 4 de noviembre de 2016

Triángulos de manzana

¡¡Uf!! ¡Pero, si es que creí que esta semana no podría convidarles con ninguna receta! Es que el Wi-Fi, hace un par de días, viene funcionando según su antojo (y se ve que el humor lo tiene bien cabreao porque alterna entre mal y peor de manera constante y parejita...). Bueno, pero insistiendo y conversando civilizadamente con él, hemos llegado a un acuerdo y aquí me tienen con receta dulce (¿habrá sido eso?) para comenzar el mes dándonos un gustito (sencillo, pero bien sabroso). No soy muy de dulces y cada vez consumo menos azúcar en mi dieta - fuera, claro está, del azúcar propio de las frutas -, pero estos triángulos de masa hojaldrada y relleno jugoso son exquisitos. ¿Fáciles? ¡Facilísimos! Rendidores, delicados, muy tentadores y bajos en azúcar. ¡¿Qué más les puedo decir?! ;)




Manzanas de la variedad que más les guste (pueden ser verdes, amarillas, rojas para cocinar o las clásicas deliciosas que comemos), arándanos rojos, un poco de puré de manzanas, un toque de cardamomo bien perfumado y una pizca de azúcar hacen magia para complacernos con estos triángulos hojaldrados y sencillos que vestirán de fiesta nuestra mesa de té, acompañarán de lujo unos ricos mates de la tarde o nos ayudarán a ponerle mucho sabor a la merienda y el desayuno.




En un bol, disponemos 2 manzanas grandes ralladas y las rociamos con jugo de limón (con 1-2 cucharadas estará bien) para evitar que se oxiden (si utilizan manzanas verdes, por su acidez, este proceso se retrasa lo suficiente como para no necesitar el jugo). Además, agregamos 3 cucharadas de puré de manzanas (aquí pueden encontrar la manera de hacerlo en casa, porque casero y orgánico es mucho más saludable) y 1/4 taza de arándanos rojos deshidratados. Añadimos, por último, 1 cucharadita de cardamomo recién molido y mezclamos bien para integrar todos los sabores. Reservamos.




Ubicamos la masa de hojaldre sobre la mesa de trabajo y cortamos cuadrados más o menos parejos para que se cocinen de manera óptima (¡y para que nadie se pelee por el bocado más grande!). Como ya les he comentado en otras oportunidades, cuando necesito este tipo de masa suelo recurrir a los clásicos pastelitos porque en la fábrica de pastas donde compro los preparan de una calidad sublime, ya vienen listos para usar y sólo es cuestión de preparar el relleno y armar lo que tenga en mente. 

Entonces, sobre cada porción de masa colocamos unas 2 cucharadas generosas del relleno que habíamos reservado (¡bien escurrido!) y pincelamos los bordes con 1 huevo batido mezclado con 2 cucharadas de agua potable. Cerramos en forma de triángulos y, con la ayuda de un tenedor, apretamos el borde externo para formar un dibujo - a modo de repulgo - que hará que nuestras "facturas" exprés luzcan más divertidas; pero, que realmente persigue el propósito de que el relleno quede bien apretado dentro de la masa.




Antes de llevar al horno, a cada pieza le practicamos unos cortes en la superficie de la masa para que los vapores que se formen durante la cocción tengan un lugar por donde escapar sin que se hinchen los triángulos, manteniendo así su forma y relleno. Luego, los pintamos con el huevo batido y espolvoreamos con una pizca de azúcar para que caramelicen al hornearse.




Cocinamos en horno caliente hasta que la masa tome un hermoso color dorado parejo. Servimos tibios o fríos y disfrutamos junto con un rico té de manzanilla o menta, de frutos rojos o bergamota, té verde, café (descafeinado es más saludable, pero eso va en gustos...) o unos ricos mates.



Algunas observaciones y recomendaciones finales: En mi caso, con estas cantidades obtengo unos 17 triángulos de generosas proporciones; pero, la producción variará según el tamaño de la masa que utilicen.

En lugar de puré de manzanas, si lo prefieren, pueden utilizar mermelada de manzanas o de frutillas porque estas dos frutas combinan de mil maravillas. De igual modo, pueden sustituir los arándanos rojos por frutillas deshidratadas, bayas Goji/de Goji o arándanos tradicionales. 

Asimismo, a la mezcla del relleno le pueden incorporar almendras o nueces molidas, así como canela, pimienta de Jamaica y/o jengibre.





Entretanto, la masa de hojaldre puede ser sustituida por masa filo. En tal caso, recuerden colocar varias capas de masa superpuesta, pincelando, ente capa y capa, con manteca/mantequilla derretida o aceite. Al utilizar tiras rectangulares de masa pueden formar las clásicas samosas (en este caso, con relleno dulce) que tan bonitas quedan.

En tanto que, por fuera, si así lo desean, pueden espolvorear semillas de amapola o de sésamo/ajonjolí además de algo de azúcar. 

Si lo prefieren, el huevo de la receta puede reemplazarse por agua potable tanto para unir la masa como para pincelarla antes de llevarla a hornear. 




Y hasta aquí hemos llegado por hoy porque no hay mucho más que explicar, ya que la receta no requiere de mucha técnica ni ciencia específica; simplemente, de ganas de darse un gustito sin mucho dulce, bien sabroso, crocante y tentador ;)

Espero haberlos seducido con la propuesta lo suficiente como para que preparen estos sencillos Triángulos de manzana y me cuenten qué les han parecido.

Nos reencontramos la semana próxima. Hasta entonces, les deseo que la pasen muy bien, disfruten junto a sus seres queridos y experimenten en la cocina :)


Textos y fotografías: ©Bouquet Garni Recetas
Digiscrap: ©Tracy Martin Scrapbook Designs/Anita Designs/HG Designs/Designs by Connie Prince/ Bella Gypsy Designs/Bouquet Garni Recetas



viernes, 28 de octubre de 2016

Pizza de harina de quinua y calabaza

La receta de hoy es algo especial no por sus ingredientes (que alguno puede que les resulte novedoso) o por su forma de preparación sino, más bien, porque con ella participo en el Reto-Homenaje a Meritxell Tineo Benet que realiza Cocineros del Mundo (+CdM) para recordar a una de nuestras compañeras que con generosidad, alegría y simpatía compartía su cocina, haciéndonos partícipes de sus creaciones y dejando siempre un comentario cálido, respetuoso e inspirador en nuestras publicaciones. Como bien saben, al vivir al otro lado del charco y en la otra punta del planeta, a la mayoría de los cocineros (por no decir todos) no los conozco personalmente; sin embargo, con algunos de ustedes comparto buenos ratos de cocina y, en ocasiones, algunos momentos de contacto más cercano que me enriquecen como persona. Por lo tanto, a Meritxell no la conocía personalmente; pero, la recuerdo con mucho cariño por la generosidad y la manera afectuosa en que me dejaba comentarios en mis publicaciones. Por eso, y porque su don de gente se transmitía en sus palabras así como su alegría en sus recetas, la noticia de su partida me dejó profundamente acongojada. Cuando Victoria La Tauleta, coordinadora-propietaria de Cocineros del Mundo, nos propuso este reto acepté de inmediato porque no quiero estar ausente en este sincero y merecido  #homenajeaMeritxellretocdm




Como los ingredientes del reto de octubre son calabaza y setas, he decidido traerles esta propuesta de pizza que resulta muy sabrosa y sencilla. Además, es una masa bastante liviana que no contiene huevos y - para quienes son reacios a preparar pizza casera porque se complican con los levados de las masas - tampoco requiere de levadura.




Para preparar la masa, necesitamos disponer en un bol 100 gramos de harina de quinua/quinoa junto con 100 gramos de harina integral fina. A ello le sumamos 2 cucharadas de polvo para hornear y 1 cucharadita de sal. Mezclamos bien para integrar todos los ingredientes secos y añadimos 1 y 1/2 taza de puré de calabaza. Ayudándonos con un cornet/espátula de panadería, vamos incorporando el puré a la vez que agregamos 3 cucharadas de aceite (el de nuestra preferencia) de a una por vez. Como siempre les recuerdo, según el tipo y la molienda de las harinas, así como nuestra ubicación respecto del nivel del mar y la humedad ambiente de donde nos encontremos, las masas pueden requerir más o menos humedad (en este caso, aportada por el aceite). Por ello, les recomiendo añadir las cucharadas de este ingrediente de una en una, mezclando con el cornet hasta homogeneizar la mezcla y, si vemos que pide más, añadimos la siguiente hasta completar - si fuera necesario - las 3 cucharadas que, en mi caso, las necesitó.




Una vez formado un bollo que no requiere de mayor amasado que la unión bien lograda de sus ingredientes - siempre utilizando el cornet/espátula de panadería porque la masa es algo pegajosa - dejamos descansar en el bol por unos 20-30 minutos, tapado por papel film o un lienzo de cocina.

Mientras tanto, nos ocupamos de la cobertura de nuestra pizza. Para ello, salteamos 1 cebolla cortada en brunoise junto con 300 gramos de brócoli congelado (también puede ser fresco) y 200 gramos de maíz congelado (al fresco podemos rallarlo o utilizar los granos enteros). Condimentamos con sal, pimienta y nuez moscada. Una vez que los vegetales están casi listos, le añadimos 1 cucharada de almidón de maíz disuelto en 1/2 taza de caldo de vegetales y mezclamos por un minuto, a fuego bajo, para que el almidón se cocine y espese la preparación. Reservamos. 




Llegó el momento del armado. Con la ayuda del cornet/espátula de panadería y nuestras manos (si están algo humedecidas se facilita la tarea) vamos distribuyendo la masa en el molde para pizzas, previamente humedecido con rocío vegetal (o pincelado con un poquito de aceite), buscando que quede pareja tanto en altura como en los bordes. Una vez cumplida esta tarea, llevamos la base de pizza a un horno precalentado a 180-200°C por unos 5-8 minutos (para que crezca un poquito) y luego subimos el fuego a máximo, mientras cocinamos por otros 4-5 minutos (para que se dore ligeramente y haga un buen piso).




Entonces, cubrimos con la crema de vegetales que habíamos reservado y distribuimos por encima 1 taza de mozzarella rallada (o picada para facilitar que se derrita). Espolvoreamos con orégano a gusto (que me olvidé de incluir en la lista de ingredientes; les pido disculpas...) y regresamos al horno para que el queso se gratine. Servimos de inmediato.




Algunas observaciones y recomendaciones finales: Con estas cantidades se obtiene una pizza de 8 porciones generosas.

Si desean que esta receta sea libre de gluten, deberán reemplazar la harina integral por mezcla apta para celíacos o por almidón de maíz, harina de maíz, fécula de papa o de mandioca/yuca, harina de arroz, de sorgo, amaranto o de trigo sarraceno... En cualquier caso, será útil incluir 1 cucharada de goma xántica/xantana que ayudará a sostener la masa y evitar que se rompa al querer cortarla, ya que reemplaza al gluten de las harinas. En tanto, si buscan que la receta sea apta para veganos sólo deben sustituir la mozzarella por queso vegano que gratine.

En caso que no consigan harina de quinua/quinoa (que sé por algunas de ustedes no siempre es sencilla de obtener), pueden utilizar las semillas de este pseudocereal (aquí pueden encontrar las explicaciones de cómo deben prepararla y cocerla). Entonces, para que la base de la pizza se mantenga sostenida deberán incluir 1-2 huevos batidos.

Como en toda pizza que se precie de tal, pueden utilizar la cobertura que más les apetezca (salsa de tomates con mozarrella o 4 quesos, crema de espinacas con Parmesano, zucchinis/calabacines y berenjenas asadas con queso feta, espárragos y hongos Portobello con queso Sbrinz...). Sin embargo, les adelanto que la calabaza se luce en compañía del brócoli y el maíz. A propósito de ello, si emplean maíz fresco rallado es probable que la mezcla de vegetales espese lo suficiente como para no requerir del almidón de maíz disuelto en el caldo de vegetales.

Si prefieren utilizar menos materia grasa en la preparación de la masa, pueden sustituir alguna parte de aceite por agua potable a temperatura ambiente. En ese caso, vayan añadiendo el líquido de a cucharadas para no excederse porque recuerden que la calabaza le aporta bastante humedad a la masa. En referencia a este asunto, les recuerdo que la mejor manera de cocer la calabaza para obtener el puré necesario en esta receta es al horno o al vapor para que no quede con demasiada agua. 

Un detalle respecto de la cocción de la masa: Si, como a mí me ocurre, son de los que prefieren la masa de pizza finita (estilo a la piedra) les recomiendo que lleven directamente a horno caliente y cocinen por 10 minutos sin buscar que, a fuego moderado, la masa leve un poco antes de cubrirla con la crema de vegetales y el queso.




Espero, como siempre, que la receta les resulte tentadora y que la prueben, ya que es deliciosa con la combinación de sabores y la base de masa que cuenta con el particular gustito de la harina de quinua/quinoa y el dulzor de la calabaza. Pero, sobre todo, espero haber estado a la altura de las circunstancias con una propuesta que sirva de honesto y sentido homenaje a una cocinera que llenaba de colores sus recetas y de buenas intenciones sus palabras. Desde aquí, la otra punta del mundo, valga mi sincero recuerdo con inmenso cariño hacia ella y un abrazo enorme a su familia. ¡Hasta siempre, querida Meritxell!

Nos reencontramos la semana que viene. Les deseo que estén muy bien, disfruten junto a sus seres queridos y experimenten en la cocina :)
 

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